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| Dr. Javier López de la Morena |
La institución médica
colegial siempre se ha percibido como un ente obligatorio y lejano,
con poca repercusión en el desarrollo de nuestra actividad médica.
Su rígida estructura presidencialista, su anticuada distribución en
vocalías y se enorme lejanía del conjunto de los facultativos hacen
de ella una organización con escasa repercusión en el desarrollo
profesional. Dada la obligatoriedad de su existencia y el
consiguiente aporte económico que genera, nos encontramos ante un
apetitoso bocado económico para ambiciones ajenas a la profesión.
